Tuesday, August 01, 2006

Evolución y Conocimiento

Por
Juan Cristobal Ruiz & Gabriela Fernandez
Departamento de Psicología
Universidad de Chile
2005
INTRODUCCIÓN

La especie humana surge como consecuencia de un proceso histórico más amplio que hemos denominado evolución. En los comienzos, el ser humano siempre en la búsqueda de respuestas a su origen, dio por hecho ser generado por la divinidad. No ha pasado tanto tiempo desde que las teorías creacionistas dominaron el sentido común (y en cierto senitdo lo siguen haciendo en algunos ámbitos), y es recién en el siglo XIX con los trabajos iniciados por Lamark y Darwin, que el estudio de la evolución se conforma como rama de la biología.
La presente es una revisión bibliográfica de los argumentos más importantes de la evolución con el fin de poder exponer el problema de la génesis del conocimiento, la evolución del conocimiento. Se contrastarán argumentos tradicionales en evolución con algunos de los argumentos más novedosos y a veces un tanto controversiales.

ANTECEDENTES TEÓRICOS SOBRE LA EVOLUCIÓN

El estudio de la evolución de los organismos vivos en este planeta ha tenido diversos planteamientos teóricos, que buscan explicar los mecanismos evolutivos formulando diversas leyes y variables implicadas. Hubo numerosos puntos de vista desde su fundador Lamark, pasando por varios pensadores y naturalistas y luego decantando en la teoría de Charles Darwin (Gould, 2002). Darwin fue el primero en integrar las diversas ideas evolucionistas existentes en su tiempo en una teoría unificada, donde la idea central era la existencia de una “selección natural” donde sobrevivían los organismos aptos al medio, y no lo hacían aquellos que no conservaban su adaptación en el tiempo. Esta selección está dada por fuerzas o presiones selectivas que actúan sobre los fenotipos de los diferentes linajes, conservando a los que son capaces de soportarlas (Darwin, 1859). Sin duda este pensador tiene una vital importancia pues hizo emerger la discusión ante los cerrados postulados escolásticos de su tiempo a plantearse el problema de la evolución como un problema válido. Empero, esta teoría se refería a cómo ocurría la conservación de los linajes “exitosos” pero no de cómo ocurren las variaciones de los organismos en el tiempo. La teoría de Darwin asume que los cambios en el organismo se dan exclusivamente por una modificación aleatoria en los genotipos (mutación) que genera una variabilidad en la población, la que es conservada o extinguida como resultado de la interacción con el medio, es decir, con las presiones selectivas de la naturaleza (Darwin, 1859). Otro detalle de Darwin fue que fijó mucho su atención en los criadores de canes y en los agricultores en el caso de las plantas, de allí surge justamente la idea de que en la naturaleza hay una suerte de “selección” y que esta va actuando sobre las especies, conforme los organismos se reproducen, “seleccionando” caracteres que los hacen “más aptos” en su medio. A partir de Darwin se generaron varias escuelas según la interpretación del concepto “selección natural”, dentro de las cuales destacan dos corrientes fundamentales: La “Darwinista” o neo-Darwinista propiamente tal, que interpretó la selección natural a la manera de Darwin, y la teoría ‘biosintética’ o sintética, que viene de una interpretación de Darwin, pero es ciertamente una teoría reduccionista basada en vertientes de conocimiento de la genética clásica, la bioquímica y la biología molecular, donde lo que tiene mayor valor en la evolución orgánica es la conservación y cambio del material genético (DNA, y sus moléculas relacionadas) y los organismos concebidos como un “todo” mas amplio, en ese sentido, serán propuestos como un simple “vehículo” para dicho proceso (Gould, 2002).

La selección natural ha sido concebida como el resultado de una interacción entre el azar, que trabaja en el organismo a través de mutaciones y las fuerzas ambientales sobre las que el organismo no tiene ninguna influencia (Popper y Eccles, 1977). En esta teoría las preferencias, hábitos y objetivos del organismo no parecen tener importancia, sino como un mero producto de la selección natural. Las teorías de Lamark, Buttler y Bergson, plantean que efectivamente las preferencias del animal o sus conductas diferenciales producen variaciones en la evolución, al sugerir la “herencia de los caracteres adquiridos”. Sin embargo, tanto Darwin como sus seguidores Baldwin y Morgan, (en Popper y Eccles, 1977), consideran un error el plantear la posibilidad de herencia de caracteres adquiridos, ya que en sus síntesis de la teoría consideran la teoría genética, según la cual los genes no se modifican por la experiencia, por lo tanto, las modificaciones adquiridas por la historia ontogénica del organismo no son heredables en su linaje. A esta teoría sus autores la han llamado “evolución orgánica”.
Teniendo en cuenta la plasticidad fenotípica y por lo tanto conductual diferencial que presentan algunos organismos que han sido exitosos evolutivamente, éstos, al adoptar una nueva forma de conducta, o bien, nuevos ‘hábitos’, son capaces de modificar su entorno y por ende variar las presiones selectivas, en diversas proporciones. Al modificar su ambiente o nicho ecológico el organismo está activamente generando nuevas posibilidades de adaptación y de cambio estructural, lo que está íntimamente ligado con los procesos subjetivos y gnósticos, que están a la base de la modificación de su conducta hacia dicha manipulación y control de sus distintos medios (Santibáñez, 2001). Para ilustrar este punto se tomará el clásico ejemplo lamarkiano de los cuellos de las jirafas. Según Lamark, la preferencia de las jirafas hacia las ramas más altas de los árboles, llevo a los antecesores de éstas a alargar sus cuellos y, a través de la herencia de los caracteres adquiridos, a la jirafa actual. Según el darwinismo moderno ésta explicación resultaría inaceptable, pues el cuello como carácter adquirido no es heredable en la descendencia. No obstante esto no quiere decir que las conductas, hábitos y preferencias hacia las ramas altas de los árboles de los antecesores de la jirafa, no hayan constituido un papel fundamental, aunque indirecto, en su evolución. Este rol consintió en generar un nuevo medio para sus descendientes con presiones de selección distintas, las que llevaron a la selección del fenotipo de animal de cuello largo (Popper y Eccles, 1977). Esta planteamiento estaría de acuerdo con el argumento de Santibáñez, de que los procesos gnósticos y subjetivos del individuo en la relación con su medio son fundamentales para la adaptación de estos, en tanto los individuos como agentes, a través de sus procesos gnósticos, modifican su conducta y pueden llegar a manipular, predecir, y controlar sus medios (Santibáñez, 2001). En este sentido, el individuo no sería un sistema pasivo en su relación con las presiones selectivas de su entorno, sino que se mueve, modificando su conducta y su relación con el medio.
Para Popper, los cambios evolutivos que comienzan con nuevos patrones de comportamiento, “no solo hacen mas comprensibles muchas adaptaciones sino que revisten los objetivos y propósitos subjetivos del animal de un significado evolutivo” (Popper y Eccles, 1977, p. 14). Además el autor propone que “la evolución orgánica hace comprensible que el mecanismo de la selección natural se torne mas eficiente si se dispone de un repertorio de conducta mas amplio” (Popper y Eccles, 1977, p.15). Esto demuestra el valor selectivo de determinada plasticidad conductual, pues los organismos que son menos rígidos conductualmente pueden producir mayores posibilidades de adaptaciones nuevas. Así mismo, para el autor, se vuelve más comprensible el modo en que ha emergido la mente humana y los procesos subjetivos. El autor tomando las palabras de Alister Hardy, concibe la emergencia del lenguaje como un nuevo entorno ambiental que habría seleccionado de manera diferencial el tipo de cerebro humano que fuera exitoso en el ámbito de lo social – lingüístico ejerciendo presiones selectivas para dicha estructura y así, de igual modo, para el desarrollo evolutivo de los procesos subjetivos (mente, conciencia). (Hardy, 1965, en Popper y Eccles, 1977).
En las siguientes páginas se establecerá la relación dialéctica y diacrónica existente entre la evolución filogenética y la ontogenética en el problema de la emergencia del conocimiento. Según lo anteriormente señalado, se puede decir que existe una influencia de las ontogenias particulares en la filogenia, dado que los organismos pueden modificar deliberadamente sus patrones conductuales, a través de sus procesos subjetivos y gnósticos, lo que trae como consecuencia un cambio de sus ambientes, y por lo tanto, de sus efectividades adaptativas. De tal forma, los organismos con una mayor posibilidad de cambios estructurales (en particular, de la plasticidad del sistema neuroendocrino) tienen un valor adaptativo en cuanto son agentes en la modificación ambiental, y por lo tanto, tienen la posibilidad, dentro de sus propios límites, de manipular las presiones selectivas que los afectan. La capacidad gnóstica, por tanto, será una función adaptativa del organismo, que guarda relación con su plasticidad neuroendocrina, y que se entiende como un modo intencionado de actividad para la modificación del medio externo, interno y la subjetividad (Santibáñez, 2001).

UN PROBLEMA EN EVOLUCIÓN: La relación entre Filogenia y Ontogenia


Las explicaciones a favor de la evolución han pasado por una diversidad de argumentos. En el siglo XIX existieron numerosos autores que generaron explicaciones distintas según la perspectiva a la cual asignaron importancia en cuanto a las fuerzas o variables que determinan la evolución. Así tenemos la explicación lamarkiana que pone el énfasis en el organismo como conductor de su evolución, y la explicación darwiniana que es una perspectiva desde las fuerzas ambientales, y donde los organismos aportarían solamente un grado de aleatoriedad en su constitución genética. Se puede decir que la perspectiva de Lamark es ontogenética en tanto prioriza las modificaciones que se dan en un organismo como consecuencia de su particular historia de vida, mientras que la perspectiva de Darwin es, mas bien, filogenética, en cuanto considera la evolución como consecuencia de cambios en la población que genera un linaje modificado, seleccionado por las fuerzas del medio ambiente (Gould, 2002). Sin duda, una teoría sintética de la evolución debe considerar cómo se relacionan estas dos dinámicas. Por un lado, la filogenia como evolución de los linajes y poblaciones de organismos, de sus especies, y por el otro, la ontogenia comprendida como la historia de cambios evolutivos del organismo individual.

Se plantea que el sólo argumento de la selección natural constituye un modelo teórico insuficiente para explicar los cambios en la evolución. La selección natural y las mutaciones aleatorias no explican todos los cambios en evolución. (Moorhead & Kaplan, 1967; Grene, 1966; Lovtrup, 1976; Peters, 1976, en Ho & Saunders, 1979). El argumento de Ho y Saunders propone que la selección natural actúa más bien como una variable estabilizadora, es decir, conservadora de los equilibrios establecidos en un sistema biótico o ecosistema, y que las carencias de selección natural, es decir, bajas en las presiones selectivas, serían el prerrequisito necesario para la emergencia de nuevos linajes, de modificaciones en las especies. Además, estos autores van a plantear la función fundamental que tienen los organismos en su epigénesis, es decir, en su historia ontogenética, y en la particular relación que establecen con su medio durante su desarrollo como fundamental para las variaciones evolutivas. Los autores van a proponer al organismo como un sistema complejo no-lineal, en el cual pueden ocurrir modificaciones que, a su vez, varían las relaciones de éste con su medio ambiente y luego generan cambios evolutivos (Ho & Saunders, 1979). En estos términos, se plantea una teoría que considera la implicancia de las ontogenias individuales como determinantes de la evolución filogénica de la especie, y que considera las variables ambientales (selección natural), pero se vuelve necesario precisar como influye la filogenia, es decir, la historia evolutiva de los linajes vivos (y extintos), en las ontogenias particulares.
Históricamente, este debate comenzó con la emergencia de la embriología como ciencia del estudio del desarrollo desde el huevo fecundado, hasta el organismo metazoóico completo. Esto es, el estudio del desarrollo desde el estado unicelular hacia el estado pluricelular característico de la especie (Basto, 1992). El científico alemán, Karl Von Baer fue el primero en formular una teoría del desarrollo embrionario consistente en 1828. Sus leyes del desarrollo embrionario describen una simple gradación desde una semejanza generalizada en embriones de un vasto espectro animal, hacia las características propias de la especie como consecuencia del desarrollo. Es decir, en las primeras etapas del desarrollo de muchos animales (anfibios, reptiles, peces, aves y mamíferos, en el trabajo del autor), estos son estructuralmente muy similares y siguen un mismo patrón, que sólo adquiere sus diferencias significativas hacia las etapas posteriores del desarrollo embrionario (Swan, 1990). Darwin empleó este concepto de Von Baer, y señaló que, desde una similitud inicial, los organismos divergen en una identidad individual, en el origen de las especies (Darwin, 1859). Para Darwin tal similitud temprana constituyó una evidencia para un ancestro común. Von Baer se opuso tal interpretación. Posteriormente, Ernest Hackel, colaborador de Darwin, reelaboró estos conceptos en su Ley Biogenética hecha en 1866 y que fue traducida como: “La ontogenia recapitula a la filogenia”. Su interpretación correcta sería que la ontogenia del organismo particular es una corta y rápida repetición de la filogenia (Swan, 1990).

Los científicos evolucionistas contemporáneos tienen cierta cautela al hablar de recapitulación. Se ha tendido a interpretar, más bien, que las características primitivas del embrión son mantenidas y heredadas a través de la evolución, constituyendo evidencias de un ancestro común (no necesariamente un organismo, una población de ancestros o linaje) (Swan, 1990). Este cambio en la mirada, sugiere una vuelta a la perspectiva original de Von Baer. El hecho de cuestionar en cierta medida la noción de recapitulación, está basada en primer término en que la ontogenia presenta un único genomio en su transcurso y la filogenia suele presentar más de uno. En segundo término, la ontogenia supone un ‘telefinalismo’, es decir, un conocimiento del producto final del proceso y la filogenia es un proceso dialéctico, que en ningún caso es teleológico. En tercer lugar, no existe un registro fósil acabado que evidencie tal recapitulación.

Se prefiere hablar, entonces, de Concordancia, donde el animal manifiesta, en sus etapas, algunas de las características de sus posibles ancestros. Esto está de acuerdo con un enfoque dialéctico de la evolución (Santibáñez y Osorio, 1997), donde cada etapa posterior en evolución, que estaría marcado por cada especie, conserva ciertas características y ciertas dinámicas de etapas anteriores, lo que constituye a su vez, evidencia de la evolución. El momento de aparición de estas características en el embrión estaría en concordancia con el momento de aparición de las mismas en el tiempo geológico (Swan, 1990). Los estudios más sólidos en este ámbito han podido apreciar que, al correlacionar el registro fósil y estudios moleculares con los estudios embriológicos, las estructuras en el desarrollo ontogénico de un mamífero van apareciendo en un tiempo coherente con su aparición en la evolución filogénica en el tiempo geológico. Las estructuras que como mamíferos tenemos en común con animales del Cámbrico aparecen muy tempranamente en el embrión mamífero. Ejemplos de esto son estructuras proteicas que determinan la simetría bilateral, que compartimos con el gusano plano. Otras estructuras más recientes en la evolución como la notocorda, que nos relaciona como Philum Cordados, aparecen también en etapas posteriores del desarrollo ontogénico (Swan, 1990). Es de esperar que estructuras aun más recientes en la evolución, como la corteza y la neocorteza cerebral, aparezcan muy posteriores en el desarrollo embrionario del humano (Swan, 1990). En este sentido, se aprecia que la evolución no implica dejar atrás lo antiguo para constituir un cambio radical hacia lo nuevo, sino que habría una conservación de los estadios anteriores de la evolución que se manifestaría en cada historia individual, y que sólo en un determinado momento tendería a la diferenciación propia de la especie.
Si se observa esta dimensión dialéctica, es decir, esta espiral manifiesta en la concordancia de la filogenia con la ontogenia, vemos que los procesos gnoseogenéticos también han seguido caminos relacionados en ambos tipos de evoluciones. La gnoseogénesis, como un proceso evolutivo a nivel de especies (filogenia), ha tendido hacia la complejidad, que está relacionada con el tipo de evolución que ha tenido el sistema neuroendocrino y en los modos de relación que el individuo ha generado con sus medios (Santibáñez, 2001). También si se observa al organismo humano, se ve que éste debe “recapitular” ciertos procesos cognoscitivos previos propios de sus ancestros. Estos fenómenos se reflejan en la evolución de la subjetividad en el humano, desde la perspectiva de Piaget, el sujeto va desde esquemas reflejos hasta esquemas operatorios abstractos (Piaget, 1970). Lo importante es que la aparición de los fenómenos gnósicos en el individuo (humano o animal) se podrían correlacionar con la aparición de los mismos fenómenos en la evolución de las especies. Ciertamente existe muy escasa investigación para estos problemas, por lo tanto aun es un dominio muy teórico. Si pensamos que la noción de concordancia entre filogenia y ontogenia está apenas tratada y sólo se han buscando correlatos estructurales (ver Swan, 1990; Gould, 1977), es un interesante campo abierto para psicólogos comparados y para otros especialistas comparados, buscar la concordancia filogénica y ontogénica en la evolución gnoseogénetica.

LA GNOSEOGÉNESIS COMO PROBLEMA EVOLUTIVO

Como se ha ido esbozando mas arriba, el origen del conocimiento es un problema histórico-evolutivo, que está relacionado con los modos de relación que se han manifestado en la historia biótica entre los individuos y medios (Santibáñez, 2001). Se vuelve de significativa importancia para los motivos de esta revisión tratar a fondo las diferentes posturas evolutivas en la gnoseogénesis, tanto en el nivel filogénico como ontogénico.

Filogenia y Gnoseogénesis.

Cierto es que los procesos psicológicos de los seres vivos, no se pueden estudiar independientemente de los procesos biológicos que los generan, y por lo tanto en el siguiente apartado expondremos, qué es lo que implica un proceso evolutivo en la génesis del conocimiento. Se revisaron algunos argumentos debatibles y todavía actuales sobre la evolución filogenética del conocimiento, es decir, sobre el devenir de la gnoseogenesis en la evolución humana.

Según Lorenz en su libro “La otra cara del espejo” (1985), la mente humana ha sido una nueva categoría del ser, es decir, no es nuestra biología, que de manera reduccionista nos hace ser otro animal más, sino que nos atribuye inevitablemente la responsabilidad de estudiar al hombre bajo otros puntos de referencia. Es más, Lorenz considera que, si bien todos los seres vivos son producto de la evolución, existe un salto cualitativo significativo a partir del desarrollo de un nuevo aparato cognoscitivo, que casi niega la continuidad en la original teoría darwiniana. Lorenz nos propone la “fulguración de la mente”, tal vez siendo mal interpretado como si no hubiese un proceso dialéctico en el desarrollo biológico y por ende de la gnoseogenesis, a la base de lo que pretendemos antropocéntricamente sustentar como la gran capacidad del ser humano, de generar conocimiento y facultades mentales o mejor dicho, procesos subjetivos.

“El acercamiento filogenético del hombre a ciertos animales, especialmente a los antropoides, proporciona al contraste del hombre y animal planteado desde remotas fechas una legitimación intrínseca y le hace ser algo más que un retorno actual, un medio estilístico más o menos eficiente”,(Dux, B,G citado por Lorenz 1985, p. 250.) . Lorenz critica en su texto dicha postura y explica que no son diferencias apreciadas en diferentes grados. Lorenz nos habla de dos hiatos importantes en la evolución. El primero sería la aparición de un nuevo ser, el paso de lo inorgánico a lo orgánico, es decir, en la millonaria sopa original de probabilidades de interacción de partículas químicas, las mismas que se pudieran encontrar en otro lugar del universo, surge una composición orgánica, surge el ser vivo, una organización sistemática cualitativamente distinta, con un aparato cognoscitivo primitivo.

El segundo hiato vendría siendo la fulguración de un aparato cognoscitivo, que no sólo permite al organismo adaptarse a su medio, a través de sólo “un reaccionar”, sino también conocerlo y capaz de abstraer. “La envergadura y la importancia del aprendizaje nada insignificantes en los animales superiores, se acrecienta en el hombre. El raciocinio y el pensamiento abstracto posibilitan las comunicaciones de los mecanismos, que inicialmente sólo sirven para adquirir información a corto plazo, hacerla duradera y asimilar el acervo del saber adquirido” (Lorenz, K., 1985, p.255). El autor explica la implicación del incremento de la plasticidad del cerebro humano y la capacidad de simbolizar, por lo tanto un medio de comunicación mucho más complejo y efectivo que sólo el observar los estímulos presentes de los medios externos, o aprender por modelamiento, sino a través de la experiencia de los pares de la especie u otras especies por medio del relato, compartiendo la experiencia subjetiva de cada individuo. La cualidad de este conocimiento de ser atemporal e independiente del espacio, y por ende del objeto mismo, constituye toda una revolución del conocimiento, de la gnoseogénesis.
Esta cualidad del medio subjetivo, “compartido” en lo social, enriquece la experiencia de cada individuo y de la especie en general. Este gran salto cualitativo a nivel ontogenético y filogenético, es decir, de cada individuo y de la especie en general, permitiría una adaptación más efectiva, relativamente independiente del proceso evolutivo de los diferentes medios, esta relación es claramente una relación dialéctica, entre la experiencia común y la experiencia individual, y por supuesto, conteniendo el desarrollo y crecimiento del conocimiento del universo, aunque habría que mencionar, que en algunas épocas oscuras de la humanidad, la coerción social ha ido en contra de la naturaleza curiosa del ser humano (Shu, 1982)

Poder imaginar y estudiar cómo toda especie surge de la misma bacteria, nos hace alejarnos de nuestra realidad y es por eso, que este es un tema que será muy debatido. Lorenz explica que “el inmenso hiato entre lo objetivo fisiológico y la vivencia subjetiva vendría siendo una especie distinta, ya que no está condicionado sólo por la laguna de nuestro saber, sino por la incapacidad apriorística para saber de la estructura de nuestro aparato cognoscitivo” (Lorenz, 1985, Cap. VIII, pag. 252). Tratar de crear un abismo entre el cuerpo y el alma sólo ha servido para obstaculizar el entendimiento del mismo y ha logrado, más bien, crear sensibilidades no pertinentes.

Obviamente han pasado ya muchos años desde que Lorenz intento conciliar varios puntos discrepantes de las teorías de la evolución, sin embargo, bien nos anticipa que ésta gran discusión necesitará de la tecnología, que va a permitir comprender el funcionamiento en su detalle más fino de nuestro sistema neuroendocrino.

Hoy día el desarrollo tecnológico nos permite conocer mejor y más exactamente como funcionan los seres vivos, cómo es la estructura del mismo, y actualmente no es un misterio insoluble explicar donde se origina la conducta humana, cómo el sistema neuroendocrino es el único que genera todos los procesos psicológicos, incluyendo los tan discutidos procesos subjetivos. Sin embargo, en este ámbito existen aun muchos debates teóricos en cuanto a cómo opera este sistema altamente complejo (se tratarán estos temas mas abajo).

El anterior argumento es evidencia de cómo la génesis del conocimiento es una verdadera relación dialéctica. A partir de la interacción con el ambiente, el ser vivo construye un espiral que continuamente facilita el conocimiento del objeto y es ya casi un hecho que se podría reproducir un ser humano a partir del la comprensión de su genoma (Cherfas, 2003) aunque este es otro tema controversial que no está en las intenciones de esta revisión.

Tomando otro argumento, según C.H. Waddington, la gran diferencia del hombre, no radica en su complejidad, puesto que no sería sinónimo de un ser más evolucionado, sino más bien que su estructura biológica le ha permitido generar otros mecanismos de evolución del conocimiento. Apuntando a la capacidad de abstracción, por lo tanto de simbolizar y por consiguiente economizar recursos energéticos, en su interacción con el ambiente, el ser humano nace inserto en un contexto social, que le concede el privilegio de heredar todo el conocimiento que ha desarrollado la especie. En un ejemplo más claro, el hombre no tendría que volver a inventar la rueda o aprender a hacer fuego, nacemos en un lugar del espiral, que ha sido ya construido desde el origen del devenir social de la especie humana.

Por supuesto uno de los argumentos más certeros de este autor es, citando a continuación que “Cualquier modo de pensamiento que intente atribuir al hombre u otro organismo una forma dada de esencia invariable, o un carácter concebido como ser antes que como devenir, se opone a toda nuestra inteligencia de la biología” (Waddington, C.H. 1975, p.41), es decir, este conocimiento y esta misma estructura es dinámica, plástica, con aparente estabilidad, lo que no permite entender la evolución como un hecho sino como un proceso.
Sobre los mecanismos de generación de conocimiento, y por lo tanto, su aporte a la especie, el autor nos habla de un mecanismo sociogenético, exclusivo de la especie humana, es el mismo que nos permite volar sin tener alas, y ver quasares en el origen del universo, por medio de prótesis a nuestros órganos de los sentidos. Waddington asegura radicalmente que el ser humano sólo es humano gracias a que es un ser social. Esta es una posición que parece dejar de lado toda la estructura biológica, sin embargo, sin intención de juzgar tal posición, las investigaciones nos recuerdan que el proceso no es tan simple y que el desarrollo de cada individuo es el que permite tanto la interacción social, como la comprensión misma del conocimiento.

El mecanismo evolutivo completo, comprende según Waddington varios sistemas fundamentales, el sistema genético, el sistema selectivo natural, sistema de explotación y el sistema de desarrollo epigenético (Waddington, 1975), nos argumenta que “la evolución se da en dos planos, evoluciona el “producto final” (organismo) y evoluciona el mecanismo de evolución”(Waddington, 1975, p. 51) El sistema genético se refiere el pool de genes, cuyas mutaciones y combinaciones a través de la reproducción sexual amplia la variabilidad de expresiones, que determinarían el fenotipo del organismo, haciéndolo más eficaz. Este sistema está sometido a la vez a la dinámica de presiones de selección (sistema de selección), que tenderán también a determinar un mejoramiento en el mecanismo de la evolución como “mediador del proceso”. Así mismo la evolución se sometería al sistema de producción o explotación de las especies al medio ambiente. Por dar un ejemplo simple, si agotamos el agua del planeta, los seres humanos, en tanto seres vivos, se verían sometidos a presiones selectivas que podrían terminar en nuestra extinción. Y por último, el sistema evolutivo epigenético, que es de interés particular en esta revisión, correspondería al proceso de evolución del conocimiento como tal, que como afirma el autor puede incluso dirigir el proceso evolutivo génico biológico.

Este hecho fundamental ha tenido como consecuencia un medio ambiente externo totalmente adecuado a las necesidades de nuestra especie, un gran desarrollo tecnológico y principalmente ha logrado, que hoy en día sobrevivan individuos de la especie, cuya dotación biológica para adaptarse es deficitaria. Sería, desde el punto de vista del conocimiento, el objeto “animal humano”, cada vez más conocido, controlable y reproducible.


Ontogenia y Gnoseogénesis

En el problema de la ontogenia y la gnoseogenesis se busca comprender al organismo en su individualidad, en su historia de relaciones con sus medios, este devenir dialéctico tiene al igual que la evolución de las especies un carácter evolutivo, histórico y constitutivo del conocimiento en el individuo. Este devenir comprende cambios estructurales, funcionales y conductuales que el individuo va manifestando en su historia. Los cambios estructurales y funcionales están dados en la corporalidad del individuo, en particular, en el desarrollo del sistema neuroendocrino. Este desarrollo constituye la base material de los procesos subjetivos y particularmente de los procesos gnósticos (Santibáñez, 2001).

El sistema neuroendocrino no es en ningún caso una estructura fija, con procesos estables. Es un sistema de relaciones que se va modificando como consecuencia de la interacción individuo-medio. Los últimos quince años han sido sumamente productivos de investigaciones acerca del cerebro. Se podría calificar a nuestra época actual como la “era de la neurociencia”. La esperanza que se tiene de las ciencias actuales es que logren develar los misterios de los procesos cognoscitivos y mentales, tales como la percepción, la conciencia, entre otros fenómenos subjetivos, con explicaciones amplias y demostrables en distintos niveles. Gracias a los adelantos en los estudios moleculares, celulares y de cerebro vivo, se ha adelantado mucho, pero aun no se ha logrado unificar una teoría que explique la relación existente entre la actividad del sistema nervioso con los fenómenos subjetivos y comportamentales (Edelman y Tononi, 1997). Por un lado surge, como consecuencia de la introducción de las ciencias informáticas, la noción del cerebro como un computador particularmente complejo, que implementa un intrincado programa que se puede descifrar mediante los estudios neurofisiológicos. Según esta postura, sería posible un conocimiento completo del operar del sistema nervioso por una “ingeniería de reverso”, esto es, observando sus componentes y analizando su código. Por otro lado, se ha considerado esta posición muy poco sostenible, y siguiendo el argumento de Edelman, se ha propuesto al sistema nervioso no como una maquina que implementa un programa computacional, sino más bien como un sistema selectivo, en el cual la selección opera sobre la variación del tiempo somático, es decir, durante la vida del individuo (Edelman, 1978, en Edelman y Tononi, 1997).

Edelman señala dos argumentos fundamentales para rechazar el paradigma informático del sistema nervioso:
1) Los sistemas nerviosos individuales, en especial el de los vertebrados, muestran una gran variabilidad estructural y funcional en muchos niveles: molecular, celular, anatómico, psicológico y conductual. A pesar de la estructura neuronal común dentro de la especie, el grado de variación entre individuos excede lo tolerable para desempeños confiables en cualquier máquina construida según los principios de la ingeniería. “Tal abundancia y la complejidad de las posibles interacciones en espacio y tiempo no pueden ser tratadas adecuadamente en términos de teorías funcionalistas o teorías instruccionistas que enfatizan el software y consideran la estructura del cerebro como algo que constituye el disco duro suficiente para su funcionamiento, que es cognitivamente importante” (Edelman y Tononi, 1997, p.113). La variación en el sistema nervioso no puede ser considerada como un simple “ruido” que se escapa de una norma, sino que es lo fundamental para el sistema de selección.

2) Las teorías instruccionistas requieren de un ‘imput’ preciso, lo que en el mundo de estímulos, en particular para el animal recién nacido, no se puede describir adecuadamente como información preexistente para ser manipulada por el conjunto de reglas similares al modo de un computador. “Para sobrevivir, un organismo debe heredar o crear criterios que le permitan dividir el mundo en categorías perceptuales conforme a sus necesidades de adaptación” (Edelman, 1987, en Edelman y Tononi, 1997, p. 113).

Según estos argumentos, el sistema nervioso no se podría explicar como un procesador de información, sino que se postula un argumento evolutivo de selección dentro del sistema mismo, como resultado de la interacción del organismo con su medio ambiente. Esto tiene variadas implicancias. Por un lado, es sabido que el sistema nervioso se modifica como consecuencia del desarrollo, que son modificaciones a largo plazo y que van determinando las cogniciones y conductas del animal (Kandel et al, 1997). Por otro lado, existen también modificaciones instantáneas donde según Edelman, también estarían actuando mecanismos de selección.
Edelman plantea la teoría de la selección del grupo neuronal (TSGN, Edelman, 1978, en Edelman y Tononi, 1997). Esta teoría fue propuesta como suficientemente amplia como para conectar la biología con la psicología, de un modo consistente con los mecanismos epigenéticos y evolutivos. Al igual que las teorías de selección natural en evolución, y de selección clonal en inmunología, esta es una teoría poblacional. Sostiene que la capacidad de los organismos para clasificar el mundo y ser capaces de adaptarse no nace en la transferencia de instrucción o información, “sino de procesos de selección sobre variables”. En lugar de ignorar la variación anatómica y funcional del sistema nervioso, estas variaciones son consideradas clave en esta teoría.

La TSGN parte de la observación de la existencia de una generación continua de diversidad en el cerebro, y que ocurre junto a la selección en varios niveles. Por ejemplo, en el embrión ocurren selecciones de poblaciones celulares migratorias y apoptosis celular. También ocurre selección en la formación de las sinapsis en el desarrollo embrionario y también para lograr el cerebro adulto se suceden numerosas “podas” neuronales (muerte de muchas neuronas), y muchas pérdidas de sinapsis, así como generación de nuevas conexiones sinápticas. Esto causa la formación de grupos neuronales.

La TSGN plantea tres mecanismos para la producción del comportamiento adaptativo de los animales que presentan un sistema nervioso complejo (Edelman, 1987). La selección de desarrollo, la selección experiencial y la señalización de reingreso. La selección de desarrollo establece que los cambios que el sistema nervioso no están programados por un código molecular, sino que surgen como resultado de selecciones en la epigénesis fundamentalmente por las interacciones entre las neuronas en el medio interno del individuo y en un ámbito ambiental en la relación del individuo con su medio externo, principalmente en el desarrollo embrionario, aunque también ocurren en la ontogenia posterior al nacimiento. La selección experiencial, opera en el organismo luego que se han establecido la mayor parte de las conexiones sinápticas en la estructura anatómica del repertorio primario, donde se seleccionan las actividades mas inmediatas de los grupos neuronales ya formados, y donde continúa habiendo cambios estructurales en las sinapsis, fundamentalmente por la relación del individuo con su medio externo, es decir, como consecuencia de su operar conductual sobre el ambiente y sus fenómenos subjetivos, gnósticos y experienciales. Esta selección es producto de la amplificación diferencial de ciertos grupos neuronales, de ciertas poblaciones sinápticas, que fortalece algunas y debilita otras sin grandes cambios anatómicos. La selección no se da sobre conexiones individuales, sino que se da a nivel de poblaciones de conexiones (grupos neuronales), que tienen como consecuencia el hecho de favorecer ciertas respuestas como consecuencia de los cambios ocurridos en el sistema. Este es un mecanismo fundamental, que expresa la plasticidad de los sistemas nerviosos de los animales mas recientes en la evolución y que le permite al organismo, como consecuencia de su interacción con el medio, la selección de conductas adaptativas. Es especialmente importante para la génesis del conocimiento, que se fundamenta en la plasticidad del sustrato nervioso para la percepción del objeto y su conocimiento. Finalmente la señalización de reingreso, se refiere a las propiedades espacio-temporales de las señales provenientes de los medios. Esta señalización se fundamenta en las conexiones recíprocas que establecen los diversos grupos seleccionados, lo cual genera mapas neuronales conectados en paralelo. Los mapeos neuronales permiten relacionar las láminas o superficies sensoriales con las zonas específicas de la corteza donde estos se encuentran y permiten reforzar regularidades espacio-temporales. (Edelman y Tononi, 1997). Esta cualidad del sistema nervioso permite al sujeto tener un conocimiento situado espacio-temporalmente.

Existen numerosas pruebas experimentales que demuestran esta teoría. Algunos experimentos realizados con animales y otros a través de dispositivos computacionales (ver por ejemplo, Reeke et al, 1990; Sport et al, 1989,1991; Tononi et al, 1992, citados en Edelman y Tononi, 1997).
Lo fundamental de este argumento es que permite observar al sistema nervioso como un sistema ontogénicamente constituido, dentro de los límites de su epigénesis. Es un sistema que presenta un devenir y que no viene absolutamente limitado por un código preestablecido de constitución. Se observa que en la posibilidad de variabilidad, sustentada en la plasticidad estructural, se encuentran las bases de los cambios cognoscitivos y conductuales del individuo, y las posibilidades gnósticas que este presenta.
En la ontogenia particular del ser humano, esta plasticidad estructural se observa en las amplias capacidades gnósticas que este ha desarrollado (tratadas mas arriba). La estructura del sistema nervioso, en el devenir histórico del homo sapiens, ha permitido un amplio desarrollo en su gnoseogénesis.
Una propuesta teórica es la teoría piagetana. J. Piaget con su gran aporte a la psicología del desarrollo, todavía aplicada, hace un distingo entre los diferentes estadios del desarrollo ontogenético, por los cuales el niño desarrolla habilidades que parten desde un desarrollo psicomotor incipiente hasta lograr desarrollar el pensamiento lógico formal.

Jean Piaget en su libro “Psicogénesis e Historia de la ciencia” expone toda una recapitulación de la evolución de las ciencias de matemáticas y física desde Aristóteles hasta la física newtoniana, pasando por la geometría y el álgebra. Esta revisión nos avisa de los pasos de las generaciones, donde el conocimiento se construye y complejiza en cambios cuantitativos sometidos a diferentes paradigmas históricos, pero por sobre todo, gráfica como de manera homologa la historia científica recorre el mismo camino del desarrollo epigenético intelectual del niño, quien va “superando” las nociones de conservación de forma, masa, peso, volumen, etc. en su teoría de los estadios.
“La opinión más generalizada, tanto entre hombres de ciencia como entre historiadores de la ciencia, es que no existe ninguna relación entre la formación de las nociones y operaciones en los estadios más elementales, y su evolución en los niveles superiores” (Piaget y García, 1982, p. 9) “Este poco interés por los estadios, viene de la mala interpretación de que el conocimiento se desarrolla en forma lineal” (Piaget y Garcia 1982, p.9). Según los autores este conocimiento tendría un “desarrollo secuencial, es decir que cada uno es a la vez resultado de posibilidades abiertas por el precedente y condición necesaria de la formación siguiente, además cada nuevo estadio comienza por una reorganización, a otro nivel de las principales adquisiciones logradas en los precedentes. De aquí resulta una integración hasta los estadios superiores de ciertos vínculos, cuya naturaleza merece un análisis de los estadios elementales.”(Piaget y García 1982, p.11). Sin duda que Piaget plantea una evolución, que es lógico en los procesos gnósticos, la plantea como un proceso lineal determinado en el organismo, y no ve la dimensión dialéctica en la relación individuo-medio existente en dicha evolución.
Esta excursión nos pone en manifiesto nuevamente que la relación entre el conocimiento colectivo y de nuestros antepasados es un proceso de evolución, como ya lo ha expuesto Dawkins, que homólogos a los genes tenemos los NIMS o Nemes (Dawkins, 1976) que serían paquetes de información que se trasmiten de generación en generación, obviamente son una forma de caracteres adquiridos heredables, siendo éste un mecanismo evolutivo comparable con el mecanismo sociogenético que propone Waddington.
Aunque Piaget hace hincapié en que el desarrollo antecede al aprendizaje, es ingenuo pensar que el aprendizaje es independiente de la estructura biológica en una visión unilateral, lo que se aprecia más bien es una relación dialéctica entre el aprendizaje, entendido como la experiencia del individuo en la relación con su medio y la estructura subyacente, precisamente del sistema nervioso. Piaget plantea que es imposible “apresurar” el estadio del infante, sin embargo otros autores demuestran que con la ayuda u observación de un adulto u otro niño más avanzado, el niño puede desarrollar destrezas que no son propias de su edad. Es decir la estimulación puede acelerar el proceso de desarrollo del sistema neuroendocrino, e incluso de su corporalidad. Este planteamiento ha sido expuesto por Vigotsky quien llamó a esta estructura que entra en la dialéctica con la influencia del medio (social fundamentalmente) y que denominó “Zona De Desarrollo Próximo” ZDP (Vigotsky), la que nos demuestra la relación dialéctica, donde la ontogenia y la filogenia se retroalimentan.


CONCLUSIÓN

De acuerdo a lo analizado, se puede concluir que tanto la evolución filogénica, como la ontogénica tienen una profunda implicancia en la gnoseogénesis, en particular en el humano.
La filogenia como un proceso que involucra a la especie, va generando una dinámica dialéctica de relaciones con sus distintos medios, que le confiere modificaciones que la van haciendo adaptativa en el devenir de dichas relaciones. En estas dinámicas el organismo, entendido como un sistema complejo y flexible al cambio estructural actúa como un agente, modificándolas según sus hábitos o su intencionalidad, desde sus procesos subjetivos y gnósticos.
Existen diversas aproximaciones teóricas para explicar los procesos evolutivos. Lo que se puede apreciar, es que hace falta una exploración tanto teórica como empírica en estas problemáticas, en pos de la generación de explicaciones más amplias que permitan relacionar los fenómenos evolutivos filogénicos y ontogénicos de una manera coherente, es decir, el devenir de las especies y el desarrollo de los individuos particulares en su constante relación con su medio.
El ser humano como animal social, genera procesos gnoseogenéticos propios, que hacen que los cambios, en su historia como especie, sean mucho más rápidos que la evolución biológica. Estos procesos, por tanto, determinan modos muy particulares de adaptación. En el fondo, autores como Lorenz y Waddington sugieren que la adaptación de la especie humana está sustentada por sus propias capacidades de intervenir en su medio, modificándolo, manipulándolo, adelantándose a sus cambios, y en algunos casos, reproduciéndolo.
La capacidad de abstracción del ser humano, y por ende el desarrollo de un sistema de símbolos, permite la transmisión más efectiva de los conocimientos y constituye una pieza fundamental en la capacidad de conocer el objeto en ausencia del mismo. Este nivel de conocimiento constituiría un conocimiento epistémico, y sería decisivo en la evolución de la especie humana, en tanto permitiría el crecimiento acumulativo del conocimiento. Esto se observa, en que nuestra evolución ontogenética esta supeditada a conocimientos previos, logrados por generaciones anteriores y transmitidos como conocimientos epistémicos.
En el nivel ontogenético del desarrollo de los individuos, tanto humanos como animales, se observa que éstos deben “recapitular” los diferentes procesos que se dieron a nivel filogenético. Esto se denota en el modo particular de desarrollo del sistema neuroendocrino, que presenta un proceso dialéctico en su proceso evolutivo. El individuo humano, tanto en su nivel estructural (sistema neuroendocrino), como subjetivo, gnostico, y conductual, debe recapitular procesos manifiestos en la evolución de su especie. Esto lo vemos en el desarrollo desde el niño hacia al adulto, donde en su encuentro permanente con el medio (en particular con su medio social), debe ir generando los procesos gnoseogenéticos que lo llevarán a la madurez estructural y psicológica.
REFERENCIAS

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Waddington, C. (1975). “El animal humano”, en Brain, R. (1975) “Psicología social y humanismo”. Paidos, Buenos Aires.

Consideraciones sobre psicopatología

"Un no poder comportarse en forma desviada es tan patológico como el no poder sino comportarse en forma desviada"
Frace que describe la visión de la psicopatología según Blankenburg.

El argumento antes señalado se inscribe en el marco de la libertad de poder comportar-se y vivenciar el mundo, en el que se inscribe Blankenburg. En el primer caso, el autor atribuye psicopatología a una rigidez comportamental de no poder comportarse de manera desviada, lo que también se conoce como normopatología. El argumento para atribuir patología a este tipo de sujetos es que tienen un rango acotado en su grado de libertad conductual y vivencial. En el segundo caso, el sujeto no puede comportarse de manera “normal”, por lo que siguiendo el mismo argumento, manifiesta una rigidez conductual en el sentido contrario, es decir, hacia la desviación.
A pesar de que Blankenburg pretenda pensar un modelo de psicopatología sin la "norma", pienso que de cualquier modo se define implícitamente un límite entre los rangos de libertad comportamental que son patológicos de aquellos que no lo son. De esta forma se articula un consenso de categorías, que esta vez no corresponden a estados, ni a conductas desviadas, ni a relaciones, sino que son categorías de grados de libertad en el comportar-se. Sigo pensando que lo que pretende dar por superado el autor aun no es un tema superado.

Ciertamente ha habido diversos paradigmas para enfrentar el objeto de la psicopatología, que el autor describe en su mayoría. Sin embargo, en el texto solo se hace alusión a modelos absolutistas, es decir, que inscriben la psicopatología como algo universal, propio del sujeto (o de la conducta), sin hacer referencia al marco sociocultural donde tal sujeto (o tal conducta) son efectivamente patológicas. Pienso que mas allá de los grados de libertad del sujeto para comportar-se se deja de lado la dialéctica básica que constituye al ser humano. Describiré esto último brevemente.
Por un lado, el sujeto es un sistema autónomo (autonomía, entendida como complejidad procedural interna, no como independencia). En este sentido, estoy de acuerdo con el argumento del autor de tener un grado de “libertad”, o argumentando operacionalmente, una plasticidad experiencial y conductual que le permitan una adaptación adecuada al medio en el que se realiza. De esta forma, estoy entendiendo el rango de libertad de comportarse como la plasticidad sensorio-motora y consciente que emerge de su sistema corporal complejo (fundamentalmente Sistema Nervioso). Pero, por otro lado, es un sistema “situado” en un mundo que es interdependiente del propio sujeto. En este sentido, no es libre del mundo, y en particular para el sujeto humano no es libre de su mundo sociocultural.
Es en esta dialéctica de autonomía – mundo sociocultural en la cual el sujeto debe realizarse, justamente conservando su autonomía de sujeto, pero a su vez, generando interacciones adaptativas.
De esta forma, pienso que la psicopatología no se inscribe solamente en la libertad comportamental del sujeto, entendida como autonomía de ser (vivenciar y comportar-se), ya que de este modo estaríamos cayendo en un solipsismo difícil de sostener. Tampoco se inscribe en el mundo sociocultural en el que el sujeto se realiza, como lo plantearan otras de las teorías expuestas (norma consensual de enfermedad, norma consensual o estadística de conducta desviada). Sostengo que la patología se enmarca en esta dialéctica doble entre sujeto – mundo. De este modo, por ejemplo, el sujeto que habita una cultura donde la violencia es cultural, el ser no violento sería patológico. De este mismo modo si el mundo intersubjetivo-cultural del sujeto no sostiene la adaptación de este (y del grupo como un todo) esta situación también estaría siendo patológica.
Con este argumento no estoy siendo relativista del concepto de patología, sino que pienso que apunto a un hecho central de toda patología. La patología es lo que de una forma u otra esta impidiendo la realización del vivir del o de los sujetos, es decir, contribuye en la génesis de procesos desadaptativos en su medio de realización. La psicopatología, entendida en estos términos, no es tan diferente de las patologías que afectan a los sistemas biológicos en general.