Hacia un nuevo modelo comunicacional*
Autores. Juan Cristobal Ruiz D., Gabriela Fernández y Javiera Muñoz
Departamento de Psicología
Universidad de Chile
*Titulo original: "Hacia un modelo comunicacional que integre la teoría sistémica, la evolución y la fenomenología, desde la contribución de Francisco Varela".
Introducción.
La comunicación, como un problema humano ha sido explicada desde enfoques y culturas distintas. Tenemos teorías concretas de la comunicación ya desde los griegos, como Sócrates, Platón y Aristóteles. Los griegos se refirieron a la retórica como el conocimiento de cómo el ser humano construye su mundo dialógos, mediante el lógos. La retórica como arte es el uso de esa facultad de hablar que nos ha enseñado a pensar y que crea nuestro mundo humano (Ramirez, 1999). Para los griegos la comunicación, es decir, el lógos era la manera humana de habitar el mundo. El mismo Aristóteles define al ser humano como zoon logon ergon, esto es, animal de lógos. La retórica fue la ciencia griega del hablar y del decir y tenía una función deliberativa (asamblea), de juicio y epidíctica (alabanza), pero en el sentido actual se la tiende a confundir con el arte de convencer o influenciar
Podríamos aventurar, desde los griegos, no es sino hasta el siglo XX que vemos que se replantea el problema de la comunicación con notables avances y la generación de modelos comunicacionales muy diversos. Se aprecia que, a comienzos de siglo, se parte de modelos simples basados en un naturalismo mecanisista al estilo newtoniano, donde la comunicación se concibe como un proceso lineal. Esto está en relación con la psicología experimental norteamericana de estos tiempos y con el conductismo radical de Watson y Skinner. Posteriormente con el surgimiento de la cibernética, hacia mediados de siglo, surgen nuevas aproximaciones, donde la comunicación comienza a verse como transmisión de información y procesamiento en el cerebro, un sistema que opera a través de lógicas susceptibles a ser formalizadas matemáticamente (Varela, 2000). Con el surgimiento de las ciencias cognitivas, se comienza a abordar el problema de la complejidad en los distintos ámbitos cognitivos de los agentes cognitivos, particularmente en el abordaje del lenguaje.
Un giro interesante en las ciencias cognitivas fue el movimiento amplio conocido como cognitivismo (Varela, 2000), donde se integraron diversas ciencias tales como biología, psicología, sociología, lingüística, entre otras. Aquí el problema era cómo un sistema cognitivo conoce su mundo, en la medida que lo representa adecuadamente. La representación adecuada deberá influir en la adaptación y conservación de dicho sistema. Esto es, si representa de manera óptima su realidad externa, es más funcional y luego puede adaptarse mejor.
Hasta el cognitivismo no vemos un cambio en la epistemología, pues se sigue operando con la dicotomía sujeto-objeto, y donde el primero tiene una representación más o menos adecuada del segundo, es decir, sigue operando dentro de un cartesianismo clásico. Debe venir un tercer giro, que surge de las matemáticas y físicas no-lineales, de las cuales surgen los modelos de sistemas complejos. En términos de las ciencias cognitivas, por parte de la neurociencia se comienza a hablar de conexionismo, es decir de redes neuronales y la importancia de las sinapsis, y de propiedades emergentes, es decir características globales de sistemas localmente distribuidos. (Varela, 2000). En esta misma línea surge la enacción como la forma de relectura del conocer como proceso encarnado y siempre en movimiento. Podemos denominar a este movimiento en las ciencias cognitivas como postcarteciano pues supera esta dicotomía sujeto-objeto, mente-cuerpo, proponiendo conceptualizaciones que constituyen síntesis dialécticas, para la dicotomía sujeto-objeto, la enacción, para la mente-cuerpo, el embodiedmind.
Lo que pretendemos a continuación es explorar este giro postcarteciano en la problematización de la comunicación como un proceso de agentes enactivos en el espacio-tiempo, y como un proceso de acoplamiento y coherencia estructural entre los participantes en este espacio-tiempo vivido en común. Veremos como la bio-lógica que plantean Varela y Maturana se relaciona con la fenomenología, (fundamentalmente Husserl y Merleau-Ponty) en la comprensión de los sistemas encarnados, vividos desde su corporalidad en movimiento, el estar-ahí en un mundo que se va creando en el actuar, y la Teoría de Sistemas, como referencia para comprender el problema del acoplamiento entre estos agentes enactivos. Desde allí se explicitará un modelo de la comunicación que considere esta dialéctica básica entre los agentes, y su constitución de identidad como sistemas independientes, y el sistema que constituye el acoplamiento social entre estos agentes, que constituye su interdependencia, que en el caso de los seres humanos es el hecho de vivir constantemente en el lenguaje.
La bibliografía que se utilizará serán los libros clásicos de estos autores como “De Maquinas y de Seres Vivos” (1972), “El Arbol del Conocimiento” (1986). En particular se utilizará la colección de ensayos que Francisco Varela publicó hacia el final de su vida, al que tituló “El fenómeno de la vida” (2000) y un libro donde se expresan las condiciones éticas que deberían tener las relaciones sociales y comunicativas comprendidas como un know-how (saber-como) expresadas en su libro “Ética y Acción” (1996).
Primera Parte La Auto-organización como bio-lógica básica en la constitución de identidades cognitivas.
La Teoría Biológica del Conocimiento planteada por Maturana y Varela (1986), es un fundamento amplio para los diversos sistemas cognitivos, nos lleva a analizar el problema del conocimiento en diversos niveles de organización, esto es, a un nivel celular mínimo, al nivel de organización metazooica y al nivel de acoplamiento entre organismos. Es una teoría eminentemente biológica, donde el argumento central será que existen ciertos patrones generales de auto-organización (por cierto, no iguales) en los diferentes niveles de organización, los que tienen relación con una bio-lógica básica que se manifiesta en los diferentes niveles. Francisco Varela lo presenta en el prólogo de su libro “El fenómeno de la vida” de la siguiente manera:
“Esto quiere decir evitar caer en la tentación dominante de partir del universo impersonal y muerto de la física para luego, verse forzado, casi a contrapelo, a rescatar de ahí lo vivo, cuya especificidad es lo individual creador de significado. Gran parte de las ideas que aquí presento son precisamente el esfuerzo por romper ese sueño newtoniano, y por recentrar el fenómeno de la vida sobre sus propias bases, es decir, no como un evento improbable que escapa a la muerte física, sino como ocurrencia central de la naturaleza que funda todo conocer…” (Varela, 2000, p. 14).
A continuación analizaremos estos distintos niveles de organización de manera muy breve, para evocarnos en profundidad al problema del acoplamiento entre los agentes cognitivos (organismos) en su dinámica social, donde aparece, de manera implícita, una teoría de la comunicación. El realizar este análisis desde los diferentes niveles se justifica para comprender a cabalidad el alcance que los autores dan a su teoría, puesto que si vamos inmediatamente al problema de la comunicación corremos el riesgo de achatar la teoría y tratarla de manera aislada y superficial. Desde ya advertimos al lector, la simplicidad con la que se tocarán conceptos que necesitarían un tratamiento en mayor profundidad.
El organismo y su mundo
El organismo, en tanto, dinámica constante que conserva su identidad de tal, va a estar manteniendo una coherencia con su medio constituyendo un mundo de significados. La noción de cognición será vista en un sentido amplio, como la capacidad de moverse en un medio conservando la adaptación y que tiene como consecuencia la conservación de la organización del organismo, su identidad, y al mismo tiempo la generación de su mundo, lo que Varela (2000) entiende como la generación de significado.
La pregunta aquí es ¿Qué características debe tener una organización en la que se den las consecuencias antes dichas? De esta forma, Maturana y Varela (1972) se centrarán en describir la organización básica que constituye un sistema vivo mínimo. Desde esta reflexión surge el concepto de autopoiesis, que será un tipo de auto-organización que 1) en la dinámica de sus elementos, estos se regeneran constantemente manteniendo la red que los produce y 2) genera una unidad espacio-temporal distinguible (genera su propio límite).
De esta forma, el organismo se mueve en un mundo que surge al mismo tiempo que éste en una dinámica que busca constantemente un equilibrio, que se ve quebrado por las perturbaciones del ambiente. Se mueve tratando de ir hacia lo que le falta, y en este proceso está constantemente regenerandose a sí mismo, conservando su organización, es decir, la autopoiesis. De esta forma, la cognición es la acción de un sistema que modula su accionar a través de su constante coherencia estructural, en ir a lo que le falta, en un medio que posee las condiciones de su existencia.
La organización autopoiética es exclusivamente una definición que refiere al modo particular de organización que presenta un sistema vivo mínimo (nivel celular). La constitución de un organismo metacelular, tiene que ver con otros procesos auto-organizativos, sin perder de vista la bio-lógica que referimos más arriba. La pregunta ahora es ¿Cómo se genera un cuerpo? El cuerpo de los organismos pluricelulares, en este sentido, es más que la simple agregación de sus células, puesto que si así fuera no constituiría un nivel de agente cognitivo. Para Varela, el cuerpo presenta una constitución identitaria manifestada en la auto-organización del sistema inmune (ver Varela y Cohen, 1989). El sistema inmune, mas que ser un sistema de defensa o metafóricamente, un sistema militar, es un sistema de reconocimiento de la identidad corporal, en este sentido presenta la misma dinámica de cierre operacional que el sistema vivo primario descrito más arriba. El sistema inmune es una red compleja de elementos celulares circulantes que están constantemente en interacción con las células propias del cuerpo permitiendo reconocer sus patrones de cambio. Mas que ser un sistema militar, encargado de eliminar lo extraño, se constituye en un sistema que entra en un diálogo con lo extraño pudiendo incluirlo dentro de su propia identidad. Antonio Coutinho, inmunólogo que trabajó con Varela, evidencia esto al plantear que el cuerpo de un adulto posee muchas mas células que no pertenecen a su clon propio, sino que han llegado desde fuera (bacterias, protozoos, hongos, etc), como extranjeros (Varela, 2000). Por lo tanto, el sistema inmune es la auto-organización que permite el reconocimiento del propio cuerpo, mantiene su equilibrio interno y establece el modo de relación con lo externo al sistema en una dinámica de cierre operacional (Varela, 2000). Podríamos decir, que es otro modo de “conversar” que tiene un organismo pluricelular.
El modo de constitución de estas identidades es a través de una historia de procesos que se constituyen momento a momento y cuyo curso es derivado, esto es, impredecible y no predeterminada. Esto se conoce como deriva estructural, como proceso que complementa, desde la perspectiva del organismo, el proceso, desde Darwin conocido como Selección Natural. Maturana y Mpodozis (1992) se plantean lo problemático que es asumir que la única variable que influye en la evolución sea la selección natural, pues opera desde este universo muerto. Lo que están haciendo al presentar su propuesta de deriva estructuctural es un mecanismo que opera desde el determinismo de esta estructura dinámica que establece de momento a momento las posibilidades de cambio que se concretarán, en una dialéctica con el medio, hacia el siguiente momento. En este sentido, todas las identidades bio-lógicas son históricamente constituidas y derivadas, en un camino que se hace al andar.
El organismo y el conocer.
El siguiente nivel de análisis tiene que ver con este cuerpo que describíamos y su relación como agente cognitivo con un medio, que trae como consecuencia la generación de un mundo perceptual en un sistema enactivo, esto es, su mover-se es modulado por lo que le ocurre en la totalidad de su superficie sonsorial (propiocepción, interocepción, percepción sensorial especial) o bien, puede entenderse como acción guiada perceptualmente. Es fundamental aquí el Sistema Nervioso, entendido como una red compleja que tiene como elementos un tipo particular de células, las neuronas, cuya característica es la excitabilidad. Esta red compleja de neuronas genera las relaciones entre la superficie motora, de un cuerpo en constante movimiento y la superficie sensorial, que modula los movimientos; trayendo a la mano un mundo de coherencias sensoriomotrices.
Aquí la pregunta es ¿Cómo conoce este organismo? El sistema nervioso, que presenta una dinámica de cierre operacional, hace distinciones entre sus patrones de actividad, constituidos como consecuencia de su historia de interacciones (aprendizajes), en su moverse en el mundo. Estos patrones de actividad Varela los va a denominar micro-identidades, modos de ser ante situaciones específicas, los micro-mundos, y las dinámicas de cambio se dan a través de quiebres en la neurodinámica, como consecuencia del movimiento del cuerpo desde un micro-mundo a otro. Es importante a este nivel hablar de propiedades emergentes, que son propiedades de un sistema que es caótico y distribuido a nivel local, y sin embargo, genera regularidades dinámicas a nivel global. Se puede decir, entonces, que las micro-identidades son estas propiedades emergentes que constituyen un correlato con los micro-mundos con los que mantienen una relación dialéctica y de acoplamiento estructural. Las micro-identidades constituyen un yo-virtual, cuya característica es el vacío, es decir, el no encontrarse materializado en ninguna parte y no obstante, constituirse como una identidad a través de la cual el agente cognitivo experiencia su mundo (Varela, 1996).
De este modo, tanto el mundo como el conocedor se constituyen al mismo tiempo en esta dialéctica entre el yo-virtual y el medio espacio-tiemporal en el que se mueve, que por cierto, tiene características físicas. No hay, por lo tanto, un mundo pre-dado, ni un conocedor pre-dado. Aquí es donde esta teoría va en oposición radical al paradigma representacionista imperante en las ciencias cognitivas. Lo que se plantea es que el conocimiento no es un reflejo de una realidad pre-existente, sino una dinámica creativa que genera coherencias estructurales en un sistema que está en constante movimiento y que por otra parte, presenta una dinámica interna (cierre operacional), dentro de su propia organización que no cesa sus propias modificaciones.
El ser humano, que presenta estas características de agente cognitivo situado, tiene como particular modo de interacción la dinámica social donde surge un nivel intersubjetivo, desde el cual surge la conciencia como fenómeno emergente, dentro de su operar en el lenguaje. La conciencia o este yo-virtual consciente viene a ser las constantes autodistinciones que el sujeto genera en una narrativa, esto viene a ser un self-narrativo.
Segunda Parte. La articulación de la fenomenología y la Teoría de Sistemas en un modelo comunicacional dialéctico.
Los sujetos, dentro de la teoría de Maturana y Varela, son vistos como sistemas independientes auto-constituidos, es decir, generando una trama de identidades diferentes en cada nivel, que tienen como característica común el estar distribuidas, esto es, presentarse como propiedades globales de un sistema complejo, lo que aparece ante un observador como una regularidad que puede distinguir en el tiempo y en el espacio.
El modo particular en que un sistema cognitivo humano particular se mueve en el mundo es en relaciones recurrentes con otros sistemas de sus mismas características, a lo que hemos denominado aquí dinámicas sociales, y que entra en un nivel de organización (auto-organización) más amplio, al que podemos llamar nivel social.
Para Varela nuestro modo de acoplarnos al mundo tiene las características de un know-how (saber-como), que tiene que ver con la inmediatez de nuestra experiencia vivida, en contraposición a un know-what (saber-qué), que es más bien el acto deliberado e intencional reflexivo. Para Varela la mayor parte de tiempo nos movemos en el know-how, cuando hablamos, comemos, nos vestimos, caminamos, etc. En general nuestras micro-identidades mantienen un perfecto acoplamiento a nuestros micro-mundos, de ahí surge nuestra calidad de expertos en nuestra experiencia. Es este el punto central donde el autor va a proponer una exploración de ese saber-como a través de diversas metodologías en primera persona, donde sale a la luz la fenomenología, la que abordaremos a continuación.
Un poco acerca de fenomenología
La fenomenología, movimiento intelectual fundado por Edmund Husserl, hacia los inicios del siglo pasado, fue en un primer momento planteado por el autor como una reestructuración del estilo del pensamiento (Lyotard, 1989), que le permitiría tanto a la ciencia empírica, como a la filosofía sentar bases ante los “fantasmas” escépticos constituidos principalmente por el psicologismo y el irracionalismo.
La fenomenología es en términos de su etimología el estudio o discurso (logos) de los fenómenos. ¿Qué se entiende por fenómeno? El fenómeno, que viene del griego Fainomenon, tiene que ver con el ‘aparecer’ de los objetos ante un sujeto, es el aparecer de la cosa, en contraposición con la cosa de hecho. Es lo que ve el sujeto en la cosa, y por lo tanto, no implica la cosa en sí, en tanto que ‘idea’ trascendente platónica o esencia aristotélica.
Ahora bien, ¿Qué es lo que implica un estudio de los fenómenos? Como bien planteamos, Husserl quería darle una base epistemológica tanto a las ciencias naturales como a las ciencias humanas y la filosofía. ¿En que se basó este estilo de pensamiento que iba a ser la base concreta del conocimiento? En primer término, para el fenomenólogo lo importante es recuperar la confianza en la experiencia, es decir, en los relatos de primera persona. La mejor palabra para clasificar los fundamentos de las ciencias modernas es la de abstracto (ver Varela, 2000). Por lo tanto, con Husserl se retoma la experiencia, y el mismo con su celebre frase lo señala: “Volver a las cosas mismas”.
El volver a las cosas mismas al que invita Husserl es un retomar la experiencia que parte con una actitud natural, que éste denomina reducción fenomenológica, y tiene que ver con un cambio o transformación del flujo habitual del pensamiento, esto llevado a una “suspensión del juicio”. Obviamente la idea aquí no es la de tener un cese de la corriente de pensamientos natural a nuestras conciencias, sino mas bien un reencause de este con el fin de obtener una experiencia depurada de prejuicios frente al objeto de la experiencia. Esto justamente es posible en tanto que nuestra conciencia es intencional, esto es, se focaliza o atiende a un objeto determinado y por ello lo tiene como contenido. El objeto es lo donado o dado en un determinado estado o patrón de la conciencia. La reducción trae consigo una actitud reflexiva en el gesto intencionado que esta implica. Por ejemplo, al observar o pensar en una mesa cada cual tiene un patrón automático de pensamiento, un flujo que surge de sus experiencias previas, y desde luego, lo que el concepto de mesa evoque en el sujeto. La idea de esta primera actitud es de encausar ese pensamiento habitual y devolverlo a su origen. Esto es lo que algunos fenomenólogos denominan ‘el poner entre paréntesis’ o el ‘suspender’.
Un poco sobre Teoría de Sistemas.
La Teoría Sistémica, desde sus orígenes hasta la actualidad, se constituye en un cuerpo de conceptos, principios explicativos y modelos teóricos que rebasa con amplitud su aspiración meramente teórica o paradigmática inicial. Su deriva natural, aplicando a sí misma los conceptos que propone, la hacen devenir en una epistemología que, de algún modo, cuestiona muchas de nuestras certezas cotidianas.
Conceptos como homeostasis, entropía, retroalimentación, causalidad circular, equifinalidad, totalidad, etcétera, se fueron aplicando a los diversos sistemas naturales, biológicos y humanos para describir/explicar de modo alternativo al de las ciencias positivistas de la primera mitad del siglo XX, generalmente basadas en la causalidad lineal y en la aplicación mecánica de modelos termodinámicos generales.
Ecosistemas naturales, sistemas humanos, comunidades, núcleos familiares, etc. Podían ser descritos, explicados e “intervenidos” con un nuevo modelo, un entendimiento que observa las formas de organización y estructura del sistema, que relaciona sus elementos entre sí para abordar nuevas explicaciones y arribar a nuevos estados del mismo.
A fines de los años sesenta, Bateson y otros importantes intelectuales adscritos a este modelo o entendimiento propusieron un cambio, emitiendo la sentencia: “hace falta una cibernética de la cibernética”. Estos nuevos desarrollos del pensamiento sistémico ampliaron el bagaje conceptual de la teoría original, revolucionando la teoría al incorporar al observador dentro de las observaciones. Los sistemas dejan de estar “allí afuera” (sistemas observados) y pasan a incluir a quien observa (sistemas observantes), en el supuesto que el observador no es independiente de su observación, que hay una determinación (estructural, biológica) que- instalada como un punto ciego de sus observaciones- revelará siempre la recurrencia y determinaciones inescapables que emanan de la biología (y la historia biológica y cultural) del observador que establece las distinciones (Maturana y Varela, 1972).
Los conceptos originales de la T.G.S., teoría de la comunicación e información y otros, no pierden su pertinencia en un cibernética de la cibernética (o cibernética de segundo orden), sino que alcanzan nuevos significados en la visión-descripción-observación de quienes intervienen desde este paradigma epistemológico. La aplicación (intervención) de los conceptos se relativiza, se constituye en un relato/narrativa dentro de otros posibles. La puntuación de la “realidad” tendrá validez en función no de criterios absolutos, si no en función de la significancia para el observador.
El interventor, más que aportar nueva información al sistema, buscará su perturbación, reconociendo que cada sistema (biológico, humano) no absorbe nueva información sino que es perturbado por el input externo. Se asume que una explicación-intervención en sistemas humanos no sólo no puede asimilarse a un modelo “bolas golpeadas en una mesa de billar”, sino que, además, donde hay significados humanos hay un multiverso, una posibilidad entre otras varias de explicación e intervención.
Según Bateson, si se desea conocer se debe “trazar una distinción”, con lo cual se establece la noticia de una diferencia, la posibilidad en definitiva de establecer clausuras de operación (límites y significados) en un sistema humano.
Así, el enfoque o modelo sistémico ha desarrollado una progresión vertiginosa de conceptos donde hoy no parece ser posible actuar u operar (como actores, como interventores) sin la necesaria reflexibidad: nuestras distinciones del “mundo allí afuera” requieren reconocer la relatividad de ellas y nuestra propia auto-observación.
Un punto medio sustentable para explicar la comunicación.
Así, desde la orientación fenomenológica, Varela va a proponer que en tanto agentes situados, es decir, que siempre estamos desde nuestra perspectiva, tenemos una conciencia de los fenómenos que se constituye como consecuencia de nuestro modo enactivo en el mundo, y es una conciencia al que este agente tiene acceso. Por otro lado, está el modo de acoplamientos entre estos agentes en las dinámicas sociales, en el lenguaje, donde aparece el sistema social como condición de esta conciencia. Esto aparece como una paradoja, pero se resuelve en la medida que veamos la circularidad creativa que implica el proceso. La realización de la identidad de este agente cognitivo le confiere una conciencia fenomenológica a la que este tiene acceso y puede narrar, y a la cual ningún otro sistema desde fuera tiene acceso, puesto que es fenomenológica, de relato en primera persona, si asumimos que cada sistema opera con cierre operacional (opera dentro de sus propias dinámicas, ve lo que le ocurre en su interacción). Pero, por otro lado, este sistema solo tiene esa conciencia en la medida que mantiene una particular dinámica sistémica de relaciones recurrentes con el mundo. Es en este punto, en esta paradoja que se resuelve en una síntesis dialéctica donde quedan articulados la fenomenología, posición de los sujetos enactuantes, y la Teoría de Sistemas para explicar el como estos sistemas independientes viven sus relaciones comunicacionales de inter-dependencia.
Conclusión. Implicancias en Psicología de la Comunicación.
La emergencia de este nuevo modelo que considera una relación dialéctica entre los participantes de una conversación y el sistema de la conversación misma, genera un notable cambio en como se concibe el proceso de la comunicación. Es de sentido común el pensar la comunicación como transferencia de algo, y asociarlo al concepto de información. El concepto de información no es operacionalizable, pues no da cuenta de los procesos y dinámicas de sistemas que subyacen a este, por lo tanto desde la perspectiva del autor no será un buen concepto. Lo que se genera aquí es un cambio de paradigma importante desde ver los procesos cognitivos como representación hacia verlos como enacción, es decir, conceptualizar el conocimiento como acción en el mundo.
En la relaciones escolares, debería generar cambios en la manera que tienen las relaciones entre profesor y alumnos y entre los grupos de pares. Es importante aquí la empatía, que es otra manera con la que Varela hace referencia a esta intersubjetividad, basada en que la recurrencia de las relaciones sociales en el humano se debe a su particular modo de adaptación que considera al otro, es capaz de ponerse en posición del otro, sin con ello perder su identidad propia. Se puede proponer un cambio en los programas formativos donde se dejen mas instancias creativas, donde se les de a los niños su voz, de manera de generar posibilidades de ser que no estén contenidas en el programa. Hacer de la escuela una deriva estructural, donde prime un ámbito de empatía, que de momento ni siquiera existe. El profesor, por otro lado, debe estar conciente de que su hacer perturba la estructura de los alumnos, pero no determina sus cambios, pues aquí es donde los sistemas conservan su independencia, a nivel de su determinismo estructural con cierre operacional. El profesor por lo tanto, debe ser parte del sistema social, como un motor empático que permita generar contextos donde deje ser a los niños y adolescentes, les de posibilidades, pero establezca también los límites adaptativos del ser-en-el-mundo social, que podríamos decir que se fundamentan en la empatía como capacidad básica.
En la familia, ocurre algo similar. La madre es empática por naturaleza, dadas las condiciones de la evolución humana. El niño necesita de una madre o de cuidados por un tiempo prolongado (en comparación con otras especies). Tanto en la madre o cuidador/a como en el niño se van manifestando características de esta empatía (patrones imitativos muy importantes). El sistema familiar debe tener esta característica empática, permitiendo la apertura a posibilidades. Aquí es importante el ejercicio fenomenológico en estar-ahí en los quiebres y lograr generar nuevas disposiciones (micro-identidades) ante nuevas condiciones (micro-mundos), para volver a la condición de experticia (know-how), que trae consigo una ética en las relaciones. Por ejemplo, en la evolución del sistema familiar, tener presente que el niño crece para transformarse en adolescente, para luego entrar en la vida universitaria, y luego trabajar y dejar el hogar. Todos estos cambios son instancias de quiebre que deben generar nuevos acoplamientos y por lo tanto, cambios en la fenomenología desde los miembros en particular, y cambios en la dinámica sistémica, refiriendonos al sistema familiar. Debiera ser un tipo de relación los miembros de la familia se hicieran cargo de su autonomía de sistema, y desde allí vivir la relación. Para ello se hace necesario un ejercicio constante de estar atento a la experiencia vivida (reducción fenomenológica), y a sus cambios. Esto permitirá tener esa capacidad reflexiva de hacerse cargo, desde donde surge la noción de responsabilidad liberada de la de obligación.
En el ámbito organizacional-empresarial ocurre algo similar. Las empresas están tomando cuenta de lo valioso que es el potencial humano, y la necesidad que implica la perspectiva, y en consecuencia la participación de todos los trabajadores de una determinada actividad. Las nuevas organizaciones están tomando modelos más empáticos, donde la clave es la flexibilidad y la distribución de las tareas en sistemas (equipos) mas o menos autónomos, pero que desde esa autonomía reconocen un camino consensuado con fines compartidos.
En la clínica consistiria en seguir un proceso terapéutico donde se impliquen los sistemas sociales a intervenir (familia, por ejemplo), pero se consideren los modos particulares que tiene cada uno de enactuar su mundo. Es necesario considerar que este proceso, como todos los descritos anteriormente, tiene un curso derivado, es decir se hace al andar, por lo tanto, el terapeuta debe tener presente que nunca sabrá qué es lo que hace en un determinado sistema.
Finalmente, pensamos que este modelo de comunicación, que está de manera implícita en la obra de Francisco Varela, es un giro significativo en nuestra manera de concebir los procesos comunicacionales, y en el modo en como, teniendo en cuenta nuestra calidad de sistemas independientes en un sistema social, enfrentar una intervención a nivel psicológico y comunicacional. Además, planteamos que se vuelve necesario explicitar desde esta base epistemológica nuevas propuestas metodológicas para los diferentes ámbitos de aplicación de la psicología y herramientas técnicas que tomen en consideración las limitaciones y las posibilidades que surgen con este modelo. Pensamos que aun esto es un campo abierto para nuestro quehacer investigativo como psicólogos.
La comunicación, como un problema humano ha sido explicada desde enfoques y culturas distintas. Tenemos teorías concretas de la comunicación ya desde los griegos, como Sócrates, Platón y Aristóteles. Los griegos se refirieron a la retórica como el conocimiento de cómo el ser humano construye su mundo dialógos, mediante el lógos. La retórica como arte es el uso de esa facultad de hablar que nos ha enseñado a pensar y que crea nuestro mundo humano (Ramirez, 1999). Para los griegos la comunicación, es decir, el lógos era la manera humana de habitar el mundo. El mismo Aristóteles define al ser humano como zoon logon ergon, esto es, animal de lógos. La retórica fue la ciencia griega del hablar y del decir y tenía una función deliberativa (asamblea), de juicio y epidíctica (alabanza), pero en el sentido actual se la tiende a confundir con el arte de convencer o influenciar
Podríamos aventurar, desde los griegos, no es sino hasta el siglo XX que vemos que se replantea el problema de la comunicación con notables avances y la generación de modelos comunicacionales muy diversos. Se aprecia que, a comienzos de siglo, se parte de modelos simples basados en un naturalismo mecanisista al estilo newtoniano, donde la comunicación se concibe como un proceso lineal. Esto está en relación con la psicología experimental norteamericana de estos tiempos y con el conductismo radical de Watson y Skinner. Posteriormente con el surgimiento de la cibernética, hacia mediados de siglo, surgen nuevas aproximaciones, donde la comunicación comienza a verse como transmisión de información y procesamiento en el cerebro, un sistema que opera a través de lógicas susceptibles a ser formalizadas matemáticamente (Varela, 2000). Con el surgimiento de las ciencias cognitivas, se comienza a abordar el problema de la complejidad en los distintos ámbitos cognitivos de los agentes cognitivos, particularmente en el abordaje del lenguaje.
Un giro interesante en las ciencias cognitivas fue el movimiento amplio conocido como cognitivismo (Varela, 2000), donde se integraron diversas ciencias tales como biología, psicología, sociología, lingüística, entre otras. Aquí el problema era cómo un sistema cognitivo conoce su mundo, en la medida que lo representa adecuadamente. La representación adecuada deberá influir en la adaptación y conservación de dicho sistema. Esto es, si representa de manera óptima su realidad externa, es más funcional y luego puede adaptarse mejor.
Hasta el cognitivismo no vemos un cambio en la epistemología, pues se sigue operando con la dicotomía sujeto-objeto, y donde el primero tiene una representación más o menos adecuada del segundo, es decir, sigue operando dentro de un cartesianismo clásico. Debe venir un tercer giro, que surge de las matemáticas y físicas no-lineales, de las cuales surgen los modelos de sistemas complejos. En términos de las ciencias cognitivas, por parte de la neurociencia se comienza a hablar de conexionismo, es decir de redes neuronales y la importancia de las sinapsis, y de propiedades emergentes, es decir características globales de sistemas localmente distribuidos. (Varela, 2000). En esta misma línea surge la enacción como la forma de relectura del conocer como proceso encarnado y siempre en movimiento. Podemos denominar a este movimiento en las ciencias cognitivas como postcarteciano pues supera esta dicotomía sujeto-objeto, mente-cuerpo, proponiendo conceptualizaciones que constituyen síntesis dialécticas, para la dicotomía sujeto-objeto, la enacción, para la mente-cuerpo, el embodiedmind.
Lo que pretendemos a continuación es explorar este giro postcarteciano en la problematización de la comunicación como un proceso de agentes enactivos en el espacio-tiempo, y como un proceso de acoplamiento y coherencia estructural entre los participantes en este espacio-tiempo vivido en común. Veremos como la bio-lógica que plantean Varela y Maturana se relaciona con la fenomenología, (fundamentalmente Husserl y Merleau-Ponty) en la comprensión de los sistemas encarnados, vividos desde su corporalidad en movimiento, el estar-ahí en un mundo que se va creando en el actuar, y la Teoría de Sistemas, como referencia para comprender el problema del acoplamiento entre estos agentes enactivos. Desde allí se explicitará un modelo de la comunicación que considere esta dialéctica básica entre los agentes, y su constitución de identidad como sistemas independientes, y el sistema que constituye el acoplamiento social entre estos agentes, que constituye su interdependencia, que en el caso de los seres humanos es el hecho de vivir constantemente en el lenguaje.
La bibliografía que se utilizará serán los libros clásicos de estos autores como “De Maquinas y de Seres Vivos” (1972), “El Arbol del Conocimiento” (1986). En particular se utilizará la colección de ensayos que Francisco Varela publicó hacia el final de su vida, al que tituló “El fenómeno de la vida” (2000) y un libro donde se expresan las condiciones éticas que deberían tener las relaciones sociales y comunicativas comprendidas como un know-how (saber-como) expresadas en su libro “Ética y Acción” (1996).
Primera Parte La Auto-organización como bio-lógica básica en la constitución de identidades cognitivas.
La Teoría Biológica del Conocimiento planteada por Maturana y Varela (1986), es un fundamento amplio para los diversos sistemas cognitivos, nos lleva a analizar el problema del conocimiento en diversos niveles de organización, esto es, a un nivel celular mínimo, al nivel de organización metazooica y al nivel de acoplamiento entre organismos. Es una teoría eminentemente biológica, donde el argumento central será que existen ciertos patrones generales de auto-organización (por cierto, no iguales) en los diferentes niveles de organización, los que tienen relación con una bio-lógica básica que se manifiesta en los diferentes niveles. Francisco Varela lo presenta en el prólogo de su libro “El fenómeno de la vida” de la siguiente manera:
“Esto quiere decir evitar caer en la tentación dominante de partir del universo impersonal y muerto de la física para luego, verse forzado, casi a contrapelo, a rescatar de ahí lo vivo, cuya especificidad es lo individual creador de significado. Gran parte de las ideas que aquí presento son precisamente el esfuerzo por romper ese sueño newtoniano, y por recentrar el fenómeno de la vida sobre sus propias bases, es decir, no como un evento improbable que escapa a la muerte física, sino como ocurrencia central de la naturaleza que funda todo conocer…” (Varela, 2000, p. 14).
A continuación analizaremos estos distintos niveles de organización de manera muy breve, para evocarnos en profundidad al problema del acoplamiento entre los agentes cognitivos (organismos) en su dinámica social, donde aparece, de manera implícita, una teoría de la comunicación. El realizar este análisis desde los diferentes niveles se justifica para comprender a cabalidad el alcance que los autores dan a su teoría, puesto que si vamos inmediatamente al problema de la comunicación corremos el riesgo de achatar la teoría y tratarla de manera aislada y superficial. Desde ya advertimos al lector, la simplicidad con la que se tocarán conceptos que necesitarían un tratamiento en mayor profundidad.
El organismo y su mundo
El organismo, en tanto, dinámica constante que conserva su identidad de tal, va a estar manteniendo una coherencia con su medio constituyendo un mundo de significados. La noción de cognición será vista en un sentido amplio, como la capacidad de moverse en un medio conservando la adaptación y que tiene como consecuencia la conservación de la organización del organismo, su identidad, y al mismo tiempo la generación de su mundo, lo que Varela (2000) entiende como la generación de significado.
La pregunta aquí es ¿Qué características debe tener una organización en la que se den las consecuencias antes dichas? De esta forma, Maturana y Varela (1972) se centrarán en describir la organización básica que constituye un sistema vivo mínimo. Desde esta reflexión surge el concepto de autopoiesis, que será un tipo de auto-organización que 1) en la dinámica de sus elementos, estos se regeneran constantemente manteniendo la red que los produce y 2) genera una unidad espacio-temporal distinguible (genera su propio límite).
De esta forma, el organismo se mueve en un mundo que surge al mismo tiempo que éste en una dinámica que busca constantemente un equilibrio, que se ve quebrado por las perturbaciones del ambiente. Se mueve tratando de ir hacia lo que le falta, y en este proceso está constantemente regenerandose a sí mismo, conservando su organización, es decir, la autopoiesis. De esta forma, la cognición es la acción de un sistema que modula su accionar a través de su constante coherencia estructural, en ir a lo que le falta, en un medio que posee las condiciones de su existencia.
La organización autopoiética es exclusivamente una definición que refiere al modo particular de organización que presenta un sistema vivo mínimo (nivel celular). La constitución de un organismo metacelular, tiene que ver con otros procesos auto-organizativos, sin perder de vista la bio-lógica que referimos más arriba. La pregunta ahora es ¿Cómo se genera un cuerpo? El cuerpo de los organismos pluricelulares, en este sentido, es más que la simple agregación de sus células, puesto que si así fuera no constituiría un nivel de agente cognitivo. Para Varela, el cuerpo presenta una constitución identitaria manifestada en la auto-organización del sistema inmune (ver Varela y Cohen, 1989). El sistema inmune, mas que ser un sistema de defensa o metafóricamente, un sistema militar, es un sistema de reconocimiento de la identidad corporal, en este sentido presenta la misma dinámica de cierre operacional que el sistema vivo primario descrito más arriba. El sistema inmune es una red compleja de elementos celulares circulantes que están constantemente en interacción con las células propias del cuerpo permitiendo reconocer sus patrones de cambio. Mas que ser un sistema militar, encargado de eliminar lo extraño, se constituye en un sistema que entra en un diálogo con lo extraño pudiendo incluirlo dentro de su propia identidad. Antonio Coutinho, inmunólogo que trabajó con Varela, evidencia esto al plantear que el cuerpo de un adulto posee muchas mas células que no pertenecen a su clon propio, sino que han llegado desde fuera (bacterias, protozoos, hongos, etc), como extranjeros (Varela, 2000). Por lo tanto, el sistema inmune es la auto-organización que permite el reconocimiento del propio cuerpo, mantiene su equilibrio interno y establece el modo de relación con lo externo al sistema en una dinámica de cierre operacional (Varela, 2000). Podríamos decir, que es otro modo de “conversar” que tiene un organismo pluricelular.
El modo de constitución de estas identidades es a través de una historia de procesos que se constituyen momento a momento y cuyo curso es derivado, esto es, impredecible y no predeterminada. Esto se conoce como deriva estructural, como proceso que complementa, desde la perspectiva del organismo, el proceso, desde Darwin conocido como Selección Natural. Maturana y Mpodozis (1992) se plantean lo problemático que es asumir que la única variable que influye en la evolución sea la selección natural, pues opera desde este universo muerto. Lo que están haciendo al presentar su propuesta de deriva estructuctural es un mecanismo que opera desde el determinismo de esta estructura dinámica que establece de momento a momento las posibilidades de cambio que se concretarán, en una dialéctica con el medio, hacia el siguiente momento. En este sentido, todas las identidades bio-lógicas son históricamente constituidas y derivadas, en un camino que se hace al andar.
El organismo y el conocer.
El siguiente nivel de análisis tiene que ver con este cuerpo que describíamos y su relación como agente cognitivo con un medio, que trae como consecuencia la generación de un mundo perceptual en un sistema enactivo, esto es, su mover-se es modulado por lo que le ocurre en la totalidad de su superficie sonsorial (propiocepción, interocepción, percepción sensorial especial) o bien, puede entenderse como acción guiada perceptualmente. Es fundamental aquí el Sistema Nervioso, entendido como una red compleja que tiene como elementos un tipo particular de células, las neuronas, cuya característica es la excitabilidad. Esta red compleja de neuronas genera las relaciones entre la superficie motora, de un cuerpo en constante movimiento y la superficie sensorial, que modula los movimientos; trayendo a la mano un mundo de coherencias sensoriomotrices.
Aquí la pregunta es ¿Cómo conoce este organismo? El sistema nervioso, que presenta una dinámica de cierre operacional, hace distinciones entre sus patrones de actividad, constituidos como consecuencia de su historia de interacciones (aprendizajes), en su moverse en el mundo. Estos patrones de actividad Varela los va a denominar micro-identidades, modos de ser ante situaciones específicas, los micro-mundos, y las dinámicas de cambio se dan a través de quiebres en la neurodinámica, como consecuencia del movimiento del cuerpo desde un micro-mundo a otro. Es importante a este nivel hablar de propiedades emergentes, que son propiedades de un sistema que es caótico y distribuido a nivel local, y sin embargo, genera regularidades dinámicas a nivel global. Se puede decir, entonces, que las micro-identidades son estas propiedades emergentes que constituyen un correlato con los micro-mundos con los que mantienen una relación dialéctica y de acoplamiento estructural. Las micro-identidades constituyen un yo-virtual, cuya característica es el vacío, es decir, el no encontrarse materializado en ninguna parte y no obstante, constituirse como una identidad a través de la cual el agente cognitivo experiencia su mundo (Varela, 1996).
De este modo, tanto el mundo como el conocedor se constituyen al mismo tiempo en esta dialéctica entre el yo-virtual y el medio espacio-tiemporal en el que se mueve, que por cierto, tiene características físicas. No hay, por lo tanto, un mundo pre-dado, ni un conocedor pre-dado. Aquí es donde esta teoría va en oposición radical al paradigma representacionista imperante en las ciencias cognitivas. Lo que se plantea es que el conocimiento no es un reflejo de una realidad pre-existente, sino una dinámica creativa que genera coherencias estructurales en un sistema que está en constante movimiento y que por otra parte, presenta una dinámica interna (cierre operacional), dentro de su propia organización que no cesa sus propias modificaciones.
El ser humano, que presenta estas características de agente cognitivo situado, tiene como particular modo de interacción la dinámica social donde surge un nivel intersubjetivo, desde el cual surge la conciencia como fenómeno emergente, dentro de su operar en el lenguaje. La conciencia o este yo-virtual consciente viene a ser las constantes autodistinciones que el sujeto genera en una narrativa, esto viene a ser un self-narrativo.
Segunda Parte. La articulación de la fenomenología y la Teoría de Sistemas en un modelo comunicacional dialéctico.
Los sujetos, dentro de la teoría de Maturana y Varela, son vistos como sistemas independientes auto-constituidos, es decir, generando una trama de identidades diferentes en cada nivel, que tienen como característica común el estar distribuidas, esto es, presentarse como propiedades globales de un sistema complejo, lo que aparece ante un observador como una regularidad que puede distinguir en el tiempo y en el espacio.
El modo particular en que un sistema cognitivo humano particular se mueve en el mundo es en relaciones recurrentes con otros sistemas de sus mismas características, a lo que hemos denominado aquí dinámicas sociales, y que entra en un nivel de organización (auto-organización) más amplio, al que podemos llamar nivel social.
Para Varela nuestro modo de acoplarnos al mundo tiene las características de un know-how (saber-como), que tiene que ver con la inmediatez de nuestra experiencia vivida, en contraposición a un know-what (saber-qué), que es más bien el acto deliberado e intencional reflexivo. Para Varela la mayor parte de tiempo nos movemos en el know-how, cuando hablamos, comemos, nos vestimos, caminamos, etc. En general nuestras micro-identidades mantienen un perfecto acoplamiento a nuestros micro-mundos, de ahí surge nuestra calidad de expertos en nuestra experiencia. Es este el punto central donde el autor va a proponer una exploración de ese saber-como a través de diversas metodologías en primera persona, donde sale a la luz la fenomenología, la que abordaremos a continuación.
Un poco acerca de fenomenología
La fenomenología, movimiento intelectual fundado por Edmund Husserl, hacia los inicios del siglo pasado, fue en un primer momento planteado por el autor como una reestructuración del estilo del pensamiento (Lyotard, 1989), que le permitiría tanto a la ciencia empírica, como a la filosofía sentar bases ante los “fantasmas” escépticos constituidos principalmente por el psicologismo y el irracionalismo.
La fenomenología es en términos de su etimología el estudio o discurso (logos) de los fenómenos. ¿Qué se entiende por fenómeno? El fenómeno, que viene del griego Fainomenon, tiene que ver con el ‘aparecer’ de los objetos ante un sujeto, es el aparecer de la cosa, en contraposición con la cosa de hecho. Es lo que ve el sujeto en la cosa, y por lo tanto, no implica la cosa en sí, en tanto que ‘idea’ trascendente platónica o esencia aristotélica.
Ahora bien, ¿Qué es lo que implica un estudio de los fenómenos? Como bien planteamos, Husserl quería darle una base epistemológica tanto a las ciencias naturales como a las ciencias humanas y la filosofía. ¿En que se basó este estilo de pensamiento que iba a ser la base concreta del conocimiento? En primer término, para el fenomenólogo lo importante es recuperar la confianza en la experiencia, es decir, en los relatos de primera persona. La mejor palabra para clasificar los fundamentos de las ciencias modernas es la de abstracto (ver Varela, 2000). Por lo tanto, con Husserl se retoma la experiencia, y el mismo con su celebre frase lo señala: “Volver a las cosas mismas”.
El volver a las cosas mismas al que invita Husserl es un retomar la experiencia que parte con una actitud natural, que éste denomina reducción fenomenológica, y tiene que ver con un cambio o transformación del flujo habitual del pensamiento, esto llevado a una “suspensión del juicio”. Obviamente la idea aquí no es la de tener un cese de la corriente de pensamientos natural a nuestras conciencias, sino mas bien un reencause de este con el fin de obtener una experiencia depurada de prejuicios frente al objeto de la experiencia. Esto justamente es posible en tanto que nuestra conciencia es intencional, esto es, se focaliza o atiende a un objeto determinado y por ello lo tiene como contenido. El objeto es lo donado o dado en un determinado estado o patrón de la conciencia. La reducción trae consigo una actitud reflexiva en el gesto intencionado que esta implica. Por ejemplo, al observar o pensar en una mesa cada cual tiene un patrón automático de pensamiento, un flujo que surge de sus experiencias previas, y desde luego, lo que el concepto de mesa evoque en el sujeto. La idea de esta primera actitud es de encausar ese pensamiento habitual y devolverlo a su origen. Esto es lo que algunos fenomenólogos denominan ‘el poner entre paréntesis’ o el ‘suspender’.
Un poco sobre Teoría de Sistemas.
La Teoría Sistémica, desde sus orígenes hasta la actualidad, se constituye en un cuerpo de conceptos, principios explicativos y modelos teóricos que rebasa con amplitud su aspiración meramente teórica o paradigmática inicial. Su deriva natural, aplicando a sí misma los conceptos que propone, la hacen devenir en una epistemología que, de algún modo, cuestiona muchas de nuestras certezas cotidianas.
Conceptos como homeostasis, entropía, retroalimentación, causalidad circular, equifinalidad, totalidad, etcétera, se fueron aplicando a los diversos sistemas naturales, biológicos y humanos para describir/explicar de modo alternativo al de las ciencias positivistas de la primera mitad del siglo XX, generalmente basadas en la causalidad lineal y en la aplicación mecánica de modelos termodinámicos generales.
Ecosistemas naturales, sistemas humanos, comunidades, núcleos familiares, etc. Podían ser descritos, explicados e “intervenidos” con un nuevo modelo, un entendimiento que observa las formas de organización y estructura del sistema, que relaciona sus elementos entre sí para abordar nuevas explicaciones y arribar a nuevos estados del mismo.
A fines de los años sesenta, Bateson y otros importantes intelectuales adscritos a este modelo o entendimiento propusieron un cambio, emitiendo la sentencia: “hace falta una cibernética de la cibernética”. Estos nuevos desarrollos del pensamiento sistémico ampliaron el bagaje conceptual de la teoría original, revolucionando la teoría al incorporar al observador dentro de las observaciones. Los sistemas dejan de estar “allí afuera” (sistemas observados) y pasan a incluir a quien observa (sistemas observantes), en el supuesto que el observador no es independiente de su observación, que hay una determinación (estructural, biológica) que- instalada como un punto ciego de sus observaciones- revelará siempre la recurrencia y determinaciones inescapables que emanan de la biología (y la historia biológica y cultural) del observador que establece las distinciones (Maturana y Varela, 1972).
Los conceptos originales de la T.G.S., teoría de la comunicación e información y otros, no pierden su pertinencia en un cibernética de la cibernética (o cibernética de segundo orden), sino que alcanzan nuevos significados en la visión-descripción-observación de quienes intervienen desde este paradigma epistemológico. La aplicación (intervención) de los conceptos se relativiza, se constituye en un relato/narrativa dentro de otros posibles. La puntuación de la “realidad” tendrá validez en función no de criterios absolutos, si no en función de la significancia para el observador.
El interventor, más que aportar nueva información al sistema, buscará su perturbación, reconociendo que cada sistema (biológico, humano) no absorbe nueva información sino que es perturbado por el input externo. Se asume que una explicación-intervención en sistemas humanos no sólo no puede asimilarse a un modelo “bolas golpeadas en una mesa de billar”, sino que, además, donde hay significados humanos hay un multiverso, una posibilidad entre otras varias de explicación e intervención.
Según Bateson, si se desea conocer se debe “trazar una distinción”, con lo cual se establece la noticia de una diferencia, la posibilidad en definitiva de establecer clausuras de operación (límites y significados) en un sistema humano.
Así, el enfoque o modelo sistémico ha desarrollado una progresión vertiginosa de conceptos donde hoy no parece ser posible actuar u operar (como actores, como interventores) sin la necesaria reflexibidad: nuestras distinciones del “mundo allí afuera” requieren reconocer la relatividad de ellas y nuestra propia auto-observación.
Un punto medio sustentable para explicar la comunicación.
Así, desde la orientación fenomenológica, Varela va a proponer que en tanto agentes situados, es decir, que siempre estamos desde nuestra perspectiva, tenemos una conciencia de los fenómenos que se constituye como consecuencia de nuestro modo enactivo en el mundo, y es una conciencia al que este agente tiene acceso. Por otro lado, está el modo de acoplamientos entre estos agentes en las dinámicas sociales, en el lenguaje, donde aparece el sistema social como condición de esta conciencia. Esto aparece como una paradoja, pero se resuelve en la medida que veamos la circularidad creativa que implica el proceso. La realización de la identidad de este agente cognitivo le confiere una conciencia fenomenológica a la que este tiene acceso y puede narrar, y a la cual ningún otro sistema desde fuera tiene acceso, puesto que es fenomenológica, de relato en primera persona, si asumimos que cada sistema opera con cierre operacional (opera dentro de sus propias dinámicas, ve lo que le ocurre en su interacción). Pero, por otro lado, este sistema solo tiene esa conciencia en la medida que mantiene una particular dinámica sistémica de relaciones recurrentes con el mundo. Es en este punto, en esta paradoja que se resuelve en una síntesis dialéctica donde quedan articulados la fenomenología, posición de los sujetos enactuantes, y la Teoría de Sistemas para explicar el como estos sistemas independientes viven sus relaciones comunicacionales de inter-dependencia.
Conclusión. Implicancias en Psicología de la Comunicación.
La emergencia de este nuevo modelo que considera una relación dialéctica entre los participantes de una conversación y el sistema de la conversación misma, genera un notable cambio en como se concibe el proceso de la comunicación. Es de sentido común el pensar la comunicación como transferencia de algo, y asociarlo al concepto de información. El concepto de información no es operacionalizable, pues no da cuenta de los procesos y dinámicas de sistemas que subyacen a este, por lo tanto desde la perspectiva del autor no será un buen concepto. Lo que se genera aquí es un cambio de paradigma importante desde ver los procesos cognitivos como representación hacia verlos como enacción, es decir, conceptualizar el conocimiento como acción en el mundo.
En la relaciones escolares, debería generar cambios en la manera que tienen las relaciones entre profesor y alumnos y entre los grupos de pares. Es importante aquí la empatía, que es otra manera con la que Varela hace referencia a esta intersubjetividad, basada en que la recurrencia de las relaciones sociales en el humano se debe a su particular modo de adaptación que considera al otro, es capaz de ponerse en posición del otro, sin con ello perder su identidad propia. Se puede proponer un cambio en los programas formativos donde se dejen mas instancias creativas, donde se les de a los niños su voz, de manera de generar posibilidades de ser que no estén contenidas en el programa. Hacer de la escuela una deriva estructural, donde prime un ámbito de empatía, que de momento ni siquiera existe. El profesor, por otro lado, debe estar conciente de que su hacer perturba la estructura de los alumnos, pero no determina sus cambios, pues aquí es donde los sistemas conservan su independencia, a nivel de su determinismo estructural con cierre operacional. El profesor por lo tanto, debe ser parte del sistema social, como un motor empático que permita generar contextos donde deje ser a los niños y adolescentes, les de posibilidades, pero establezca también los límites adaptativos del ser-en-el-mundo social, que podríamos decir que se fundamentan en la empatía como capacidad básica.
En la familia, ocurre algo similar. La madre es empática por naturaleza, dadas las condiciones de la evolución humana. El niño necesita de una madre o de cuidados por un tiempo prolongado (en comparación con otras especies). Tanto en la madre o cuidador/a como en el niño se van manifestando características de esta empatía (patrones imitativos muy importantes). El sistema familiar debe tener esta característica empática, permitiendo la apertura a posibilidades. Aquí es importante el ejercicio fenomenológico en estar-ahí en los quiebres y lograr generar nuevas disposiciones (micro-identidades) ante nuevas condiciones (micro-mundos), para volver a la condición de experticia (know-how), que trae consigo una ética en las relaciones. Por ejemplo, en la evolución del sistema familiar, tener presente que el niño crece para transformarse en adolescente, para luego entrar en la vida universitaria, y luego trabajar y dejar el hogar. Todos estos cambios son instancias de quiebre que deben generar nuevos acoplamientos y por lo tanto, cambios en la fenomenología desde los miembros en particular, y cambios en la dinámica sistémica, refiriendonos al sistema familiar. Debiera ser un tipo de relación los miembros de la familia se hicieran cargo de su autonomía de sistema, y desde allí vivir la relación. Para ello se hace necesario un ejercicio constante de estar atento a la experiencia vivida (reducción fenomenológica), y a sus cambios. Esto permitirá tener esa capacidad reflexiva de hacerse cargo, desde donde surge la noción de responsabilidad liberada de la de obligación.
En el ámbito organizacional-empresarial ocurre algo similar. Las empresas están tomando cuenta de lo valioso que es el potencial humano, y la necesidad que implica la perspectiva, y en consecuencia la participación de todos los trabajadores de una determinada actividad. Las nuevas organizaciones están tomando modelos más empáticos, donde la clave es la flexibilidad y la distribución de las tareas en sistemas (equipos) mas o menos autónomos, pero que desde esa autonomía reconocen un camino consensuado con fines compartidos.
En la clínica consistiria en seguir un proceso terapéutico donde se impliquen los sistemas sociales a intervenir (familia, por ejemplo), pero se consideren los modos particulares que tiene cada uno de enactuar su mundo. Es necesario considerar que este proceso, como todos los descritos anteriormente, tiene un curso derivado, es decir se hace al andar, por lo tanto, el terapeuta debe tener presente que nunca sabrá qué es lo que hace en un determinado sistema.
Finalmente, pensamos que este modelo de comunicación, que está de manera implícita en la obra de Francisco Varela, es un giro significativo en nuestra manera de concebir los procesos comunicacionales, y en el modo en como, teniendo en cuenta nuestra calidad de sistemas independientes en un sistema social, enfrentar una intervención a nivel psicológico y comunicacional. Además, planteamos que se vuelve necesario explicitar desde esta base epistemológica nuevas propuestas metodológicas para los diferentes ámbitos de aplicación de la psicología y herramientas técnicas que tomen en consideración las limitaciones y las posibilidades que surgen con este modelo. Pensamos que aun esto es un campo abierto para nuestro quehacer investigativo como psicólogos.
Referencias
Lyotard, Jean F. (1989), “La Fenomenología”, Editorial Paídos Studio, Buenos Aires, Argentina.
Maturana, H., Mpodozis, J. (1992). “Origen de las especies por medio de la deriva natural. O la diversificación de los linajes a través de la conservación y cambio de los fenotipos ontogenéticos”. Museo Nacional de Historia Natural, Publicación Ocasional (Chile) 46: 1-48.
Maturana H., Varela, F. (1972). “De máquinas y seres vivos”. Editorial Universitaria, Santiago, Chile.
Maturana H., Varela, F. (1986). “El árbol del conocimiento”. Editorial Universitaria, Santiago, Chile.
Varela, Francisco (1996). “Etica y acción”. Dolmen, Santiago, Chile.
Varela, Francisco (2000). “El fenómeno de la vida”. Dolmen, Santiago, Chile.
Varela, F., Cohen, A. (1989). “Le corps évocateur: une relectura de l’immunité”. Nouvelle Revue de Psychanalyse, Nº40, Automne, p. 193-213.
Varela, F, Hayward, J. (1994). “Un Puente para dos miradas”. Dolmen Ediciones, Santiago de Chile.

